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amor expressHay enamoramientos que duran lo que un viaje de tranvía entre la estación de Trafford Bar hasta la estación de Deansgate. O lo que dura un reportaje fotográfico a orillas del río Tungabhadra, Eric con sus ojos azules americanos y su sonrisa de galán de cine. Otros duran una tarde de cervezas y confesiones delante de unas pintas de cerveza en el Quarter Distrit.

Después dejas de creer en el amor romántico.

Vivimos en una época convulsa, donde existe una total y grave desincronización entre lo que racionalmente deseamos y los automatismos heredados del formato tradicional heteronormativo y patriarcal. Y por eso, creo que las relaciones son difíciles. Difíciles para nosotras las mujeres, que nos enseñaron a buscar nuestra media naranja; difíciles para ellos los hombres, que quizá tampoco comprenden demasiado qué demonios es lo que está pasando.

Luego están los matices, claro. No es que sea ésta la panacea, el eureka, la epifanía que lo resuelva todo. Para eso, existe un sinfín de literatura que trata de desentrañar, de una manera más o menos hábil, los porqués. Centenares de hojas que buscan un significado a esto que sentimos en nuestras entrañas, en el inicio de un siglo que parece ir hacia un inminente apocalipsis.

Mientras tanto, nos colocamos una y otra vez en difíciles disyuntivas relacionales donde terminas tirándolo todo por la borda. Quiero pensar, que es una manera más animal de encontrar respuestas.

Nos enamoramos, porque nos han enseñado que hay que enamorarse, consolidar una pareja, formar una familia, hipotecarse… Más que enseñarnos, nos lo han tatuado no ya en piel, sino en las vísceras. Y nos es harto difícil despojarnos de siglos de una configuración social que nos ha venido dada sin pedirnos permiso.

Entonces, aunque racionalmente deseamos vivir las relaciones desde la igualdad, la empatía, el entendimiento, el aperturismo, las posibilidades, las experiencias, la pansexualidad, el poliamor, la no monogamia, la ética promíscua y un pequeño largo etc., la mente nos señala un camino y nuestro cuerpo, nuestra psique, va por otro diferente. Así porque le da la santísima gana.

Es aquí en este punto donde empiezan los desencuentros. Y vamos dejando nuestra basura emocional por el camino. Y a personas que, a pesar de, por mucho que, aun y todo, sin embargo, cuentan. Para mí cuentan. Porque forman parte de mi mapa. Porque sí.

El tiempo es un elemento desechable. Cada amor, genuino.

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