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Fireflies in Tokio

Cuando vivía en B tenía tantas cosas en el cerebro que parecía un desván viejo al que no puedes entrar, con la puerta de acceso bloqueada por la acumulación de objetos. Tuve que volver a A para poner en orden ese trastero donde ya no cabía nada y que se sobraba por todos lados, como la efervescencia de la soda. Durante estos meses que he vivido en A he barrido, fregado, pulido y sacado brillo a las superficies, depositando en el exterior cada idea, proyecto, recuerdo, y ordenándolos con pulcritud.

Ahora que ya están fuera de mí, los veo y estiro mi mano para alcanzarlos. Elijo con cual me quiero quedar y los acompaño hasta la puerta de mi intimidad. Y en una de las habitaciones vacías de mi celebro, la que hace las veces de biblioteca, están las estanterías a la espera de nuevos libros. Observo el aura resplandeciente y leo en lomo del primero de ellos: Tokio Blues, de Haruki Murakami.

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