Tan solo soy alguien que soñó

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Como se pone palabras al silencio cuando no tienes palabras. Como hacerlo cuando no tengo voz, tan sólo soy alguien que soñó con ser gota de agua en este océano de voces que se alzan contra las estructuras esclavistas, expropiadoras, explotadoras.

Hace ochenta años, las sirenas y las bombas aniquilaron el silencio de un pueblo que solo quiere vivir en paz. Los pueblos solo quieren vivir en paz. Ochenta años después, en un silencio tangible, palpable, corpóreo, llegamos miles de personas a Gernika para honrar a sus muertos, los muertos del horror.

Imagina, imagina oir sirenas de alarma y aparatos de guerra aproximándose para aniquilar. Matar, sembrar miedo, destruir, amilanar, desposeer, desarraigar.

Ochenta años después, la única posible entrada triunfal es la de la paz. Llegar a Gernika para no olvidar, para tampoco olvidar que el sitio donde nacemos nos viene dado.

Acoger a quienes huyen de la guerra, a aquellas mujeres y hombres que huyen de la violencia patriarcal, aquellxs hermanxs, padrxs, hijxs que buscan para los suyos una vida mejor, lo considero nuestro deber.

El pasado sábado veintinueve de abril estuve en Gernika, porque creo firmemente en el derecho a construir una vida digna.

Una pequeña voz, mi voz, para apoyar el derecho a emigrar y salir del agujero de la pobreza. Apoyar el derecho al asilo, cuando te han expoliado, aniquilado el medio que era además hogar.

Mi voz, para apoyar el desmantelamiento de los campos de refugiados, la apertura de corredores humanitarios que agilicen el flujo de personas y la llegada, su llegada, a nuestras ciudades, pueblos, comunidades, vecindarios, hogares.

Mi casa, vuestra casa.